El joven director lucense Omar L. Canto ganó el premio al mejor montaje en un festival de cortos de Nueva York por su trabajo en ‘Oftalmos’, de Pedro Jaén
Recibir un premio siempre es motivo de satisfacción, pero si ese premio llega desde Nueva York y con tan sólo 25 años, el mérito es doble.
Omar L. Canto reconoce que ha cometido errores a lo largo de su joven carrera como cineasta, aunque como el dice «de todo se aprende», sin embargo, algo habrán hecho bien él y su amigo David Cañizal, para que en el festival de cortos de Nueva York les concediesen el premio al mejor montaje por ‘Oftalmós’, de Pedro Jaén.Nacido en Lugo, Omar L. Canto estudió realización en el Centro de Estudios Audiovisuales de la Diputación y posteriormente se diplomó en dirección cinematográfica en Madrid, donde actualmente reside, «porque en Lugo hay muy pocas salidas». Antes de alcanzar este «inesperado» éxito, Canto trabajó en diversos cortos, como ayudante de dirección, scrip y cámara, y si hay algo que tiene claro, es que cuando se está empezando no se debe renunciar a nada, «cuanto más se colabore y participe en proyectos audiovisuales, mejor, por que de todo se aprende y se saca partido».
Otra enseñanza que ha sacado a lo largo de los años es que «uno no puede cerrarse en querer ser director», porque es necesario tener las miras más abiertas, ya que aunque el montaje no es lo que más le gusta, hasta ahora es lo que le ha brindado mejores resultados.Este premio puede que le abra puertas, pero por si acaso, prefiere mantener los pies en la tierra, porque «no he conseguido nada» y aunque reconoce que este es un buen primer paso, «tengo que seguir caminando».
A lo largo de su vida ha trabajado en televisión, ha montado desfiles de moda, ha trabajado en documentales, y de todo ha sacado algo, pues «aquí nunca se deja de aprender», toda esta experiencia le ayudó a coger soltura con la cámara y gracias a ello aprendió a ver el montaje de otra manera, a «convertir las palabras en imágenes».
Por supuesto Omar L. Canto ha ejercido como director, en dos cortos presentados como prácticas finales en sus estudios de cine. Canto considera estos proyectos como una especie de experimento, en el que fue probando «hasta dar con la formula», porque el cine es «una mezcla de emoción, sentimiento e ideas», y aunque sabe que no han quedado perfectos, puesto que también le han servido para aprender «como no se hace un corto», siempre ilusiona ver que el trabajo da su fruto.Ahora solo piensa en seguir trabajando, y no descarta poder volver a Lugo en un futuro para trabajar aquí, pues «es uno de los mejores platós que conozco». Por cierto, el mensaje del corto es que no te puedes fiar de nada ni de nadie, sin embargo Pedro Jaén confió en él, y por el momento acertó.
